de panes, peces y restricciones  

Antiguo Testamento: la dieta milagro definitiva

Lo de tu cuerpo es tu templo suena a Llados, pero sale en Corintios. Mismo espíritu, distinto estilismo capilar.

| 22/03/2024 | 4 min, 44 seg

Antes del Nuevo Testamento, todo eran restricciones, todo era un sudoku dietético más complicado que ser vegano, celiaco y diabético. «Estos son los animales que comeréis de entre todos los animales que hay sobre la tierra. De entre los animales, todo el de pezuña, y que tiene la pezuña hendida y que rumia, este comeréis. Pero de los que rumian y de los que tienen pezuña, estos no comeréis: el camello, porque rumia pero no tiene pezuña hendida, lo tendréis por inmundo; también el conejo, porque rumia pero no tiene pezuña, lo tendréis por inmundo; asimismo la liebre, porque rumia pero no tiene pezuña, la tendréis por inmunda; también el cerdo, porque tiene pezuñas y es de pezuñas hendidas, pero no rumia, lo tendréis por inmundo. De la carne de ellos no comeréis ni tocaréis su cuerpo muerto; los tendréis por inmundos». El pueblo elegido lo hubiera tenido crudo en España, tierra de conejos para los romanos, país de madrigueras para Barricada. 

Los productos del mar corrían una suerte parecida: «esto comeréis de todo lo que está en las aguas: todos los que tienen aletas y escamas, ya sea en las aguas del mar o en la de los ríos, estos podréis comer; pero todos los que no tienen aletas ni escamas, tanto en el mar como en los ríos, así todo reptil de agua como de todo lo viviente que está en las aguas, los tendréis en abominación» Las gambas, camarones, cangrejo, calamares y sepias no eran del gusto del Altísimo, según figura en el Levítico y el Deuteronomio. La dieta pescitariana comenzó a cobrar popularidad con el archiconocido milagro de la pesca que aparece en los Evangelios de san Lucas y san Juan, en plena generación Nuevo Testamento (el episodio ese en el que Simón Pedro no pillaba nada, pero Jesús le dijo que echara las redes y al recogerlas, superavit de pez: los pescados se sobraban del aparejo). El Evangelio de Mateo nos dio —dice la leyenda— el nombre común para el Zeus faber, el San Pedro: según el texto la mancha oscura del pez corresponde a la huella de los dedos de San Pedro, santo que había extraído una moneda de oro de la boca de uno de estos ejemplares. 

«Todo insecto alado que ande en cuatro patas lo tendréis en abominación», dice también el Levítico, sin preveer las consideraciones de la OMS sobre los insectos como fuente de alimento nutritiva y sostenible, rica en nutrientes esenciales, incluidas proteínas de alta calidad, grasas insaturadas, vitaminas B y minerales como hierro y zinc. Las restricciones dietéticas del Antiguo Testamento tenían un propósito ceremonial y de pureza ritual en la cultura judía. Al acaecer el Nuevo Testamento, en el libro de Hechos, se registra una visión en la que se le dice al apóstol Pedro que no debe llamar impuro lo que Dios ha limpiado, cosa que se interpreta como una abrogación de estas restricciones dietéticas para los cristianos. A partir de entonces, los cristianos quedan libres de seguir esas leyes dietéticas restrictivas. Tampoco, como se cree erróneamente, aparece la normativa de no consumir carne durante la Cuaresma: esta abstención no está explícitamente mencionada en la Biblia. Siglos atrás, la Iglesia Católica vio un potente storytelling en la Cuaresma como período de penitencia, ayuno y reflexión en preparación para la celebración de la Pascua y buceó hasta el Antiguo Testamento, donde aparecen algunas prácticas de abstinencia: Daniel y sus compañeros no consumen ciertos alimentos durante un tiempo como acto de devoción y búsqueda de la bendición de Dios, por ejemplo. En el Nuevo Testamento, Jesús ayuna durante cuarenta días en el desierto. La abstención de carne durante la Cuaresma, se considera una forma de penitencia y recordatorio del sacrificio de Jesús en la cruz, de ahí que el día fuerte sea el viernes, día en que Jesús fue crucificado. 

El reino fungi también tiene lo suyo en La Biblia. Aunque la levadura no está prohibida en los libros sagrados, su ausencia juega un papel simbólico. El pan ácimo —también conocido como matzá— es uno de los platos de la exigua mesa de la última cena, o como aparece en Lucas 22:7, «la fiesta de los panes sin levadura». Matzá, cordero pascual y vino, símbolo de la liberación y de la sangre derramada del cordero pascual. El pan ácimo tan vinculado a la Pésaj se consumía como un recordatorio de la prisa con la que los israelitas salieron de Egipto durante el éxodo, cuando no tuvieron tiempo de dejar que la masa de pan leudara. Según e libro del Éxodo, Dios instruyó a los israelitas a comer pan sin levadura durante siete días como parte de las festividades de la Pascua y en la última cena el pan ácimo se utilizó para representar el cuerpo de Jesús en la institución de la Eucaristía. Para que luego los evangelizadores de las dietas lo prohiban.  


Comenta este artículo en
next